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La Constitución de Guáimaro (1869): La primera carta magna de la República en Armas y su legado de unidad, igualdad y futuro

Katherin Hormigó Rubio
PCC
La Constitución de Guáimaro (1869) representa el nacimiento jurídico de la nación cubana en el fragor de la Guerra de los Diez Años. Su núcleo radica en la transformación de una insurrección armada en una República en Armas regida por el derecho. Redactada por Agramonte y Zambrana, este documento histórico priorizó la unidad nacional sobre el regionalismo, estableció la división de poderes y proclamó la libertad universal, sentando las bases para la abolición de la esclavitud.

En plena Guerra de los Diez Años (1868-1878), cuando el fuego de la independencia ardía en los campos de Cuba, un puñado de patriotas se reunió en un modesto pueblo liberado para dar al movimiento mambí algo más poderoso que las armas: una República en Armas con ley propia. 

Allí nació la Constitución de Guáimaro, la primera constitución cubana, un texto breve y revolucionario que no solo organizó el gobierno insurgente, sino que marcó el nacimiento jurídico de la nación cubana. Su importancia trasciende el siglo XIX: fue el primer intento de dotar a la lucha independentista de un marco republicano, democrático y unitario en medio de la guerra.

La primera Constitución de la República en Armas: un hito jurídico en tiempos de guerra

La Asamblea Constituyente de Guáimaro (10 al 12 de abril de 1869) fue la primera asamblea constituyente de la historia de Cuba. Convocada para superar el regionalismo y la falta de mando único que amenazaban la insurrección, reunió representantes de Oriente, Camagüey y Las Villas. Su principal logro fue la aprobación, el 10 de abril, de la Constitución Política que regirá en Cuba mientras dure la guerra de Independencia.

Este documento, redactado principalmente por Ignacio Agramonte y Antonio Zambrana, estableció:

  1. La división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial).
  2. La soberanía nacional y la forma republicana de gobierno.
  3. Derechos fundamentales: “Todos los habitantes de la República son enteramente libres” (Art. 24), un paso decisivo hacia la abolición de la esclavitud, declarada explícitamente en la Asamblea.
  4. La organización territorial en cuatro departamentos (Oriente, Centro, Las Villas y Occidente).

Su importancia radica en que, por primera vez, la Revolución cubana tuvo expresión jurídica. En medio de la guerra, cuando “no teníamos un palmo de tierra seguro en que clavar nuestra bandera”, los mambises crearon un Estado provisional que fue reconocido por varios gobiernos extranjeros. Como señaló la historiografía cubana, Guáimaro disciplinó a todos bajo la ley y evitó la arbitrariedad y la división interna. Fue la semilla de todas las constituciones posteriores y demostró que todo proceso revolucionario necesita una base legal.

La elección del primer Presidente de la República en Armas

El 11 de abril, una vez aprobada la Constitución, la recién creada Cámara de Representantes procedió a elegir el primer gobierno. Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria y autor del Grito de Yara, fue elegido Primer Presidente de la República en Armas por unanimidad. Salvador Cisneros Betancourt fue nombrado Presidente de la Cámara, e Ignacio Agramonte y otros ocuparon cargos clave.

Céspedes, quien ya dirigía el Gobierno Provisional de Oriente desde 1868, aceptó el cargo en un acto simbólico de unidad. Su elección no solo legitimó su liderazgo inicial, sino que formalizó la estructura republicana. Juró la Constitución el 12 de abril con palabras que reflejaban resignación y grandeza patriótica. Este fue el primer gobierno constitucional cubano en armas, un paso histórico que transformó a los rebeldes en ciudadanos de una República naciente.

El papel de la mujer: la voz pionera de Ana Betancourt

Aunque las mujeres no pudieron ser delegadas en la Asamblea por las normas de la época, su presencia fue decisiva. El 14 de abril de 1869, apenas dos días después de la juramentación del gobierno, la patriota camagüeyana Ana Betancourt envió una petición a la Cámara de Representantes. Como no tenía ciudadanía plena, su texto fue leído por Ignacio Agramonte.

En ella, Ana reclamaba para las mujeres cubanas los derechos que por justicia les pertenecían: igualdad ante la ley, fin de la explotación femenina y el derecho a defender la Patria “en voz y en acción”. Fue la primera demanda formal por la emancipación femenina en la historia constitucional cubana. Aunque la Constitución de Guáimaro no incluyó explícitamente el sufragio femenino, su Artículo 24 (“todos los habitantes son enteramente libres”) abrió la puerta a futuras conquistas. Ana Betancourt se convirtió en símbolo de la mambisa combativa y visionaria, adelantándose más de un siglo a su tiempo.

La importancia de la unidad: el verdadero triunfo de Guáimaro

La Asamblea no fue solo constitucional: fue un acto supremo de unidad. Antes de Guáimaro, existían tensiones entre los jefes regionales: Céspedes defendía un mando centralizado y militar fuerte; Agramonte y los camagüeyanos-villareños proponían la separación estricta de poderes civiles y militares. En aras de la unidad, Céspedes cedió y aceptó la Constitución mayoritaria.

Como expresó José Martí años después: “Oriente y las Villas y el Centro […] componían espontánea el alma nacional”. Guáimaro superó el regionalismo, creó un gobierno único y presentó al mundo un frente coherente contra España. La unidad no fue solo táctica: fue fundacional. Sin ella, la República en Armas habría fracasado. “De Guáimaro, la unidad” sigue siendo lema histórico: la capacidad de anteponer la Patria a las diferencias personales o regionales.

La Constitución de Guáimaro no duró toda la guerra (fue sustituida por otras cartas magnas mambisas), pero su impronta es eterna. Fue la primera piedra de la nacionalidad cubana, el primer gobierno constitucional elegido en armas, el primer espacio donde la voz de la mujer resonó en el debate público y la demostración práctica de que la unidad es la condición indispensable de la victoria.

Palabras clave
Cuba
Historia

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