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Fotos: Dunia Alvarez Palacios

El legado de Céspedes convoca a la unidad y la defensa de la patria

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Discurso pronunciado por José Ramón Monteagudo Ruiz, miembro del Secretariado del Comité Central del Partido y jefe de su Departamento Agroalimentario, durante el acto conmemorativo por el 158 aniversario del inicio de las guerras por la independencia de Cuba, celebrado en la Plaza Carlos Manuel de Céspedes, en La Habana Vieja.

Compañero, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Primer Secretario del Comité Central del Partido y Presidente de la República.

Miembros del Buró Político y demás dirigentes que nos acompañan.

Compañeras y compañeros:

Como ya constituye una hermosa y sólida tradición, nos convoca hoy, la conmemoración de uno de los acontecimientos históricos más transcendentales de la historia de nuestro país, el inicio de las luchas por la independencia, el 10 de octubre de 1868.

Ese día, en el Ingenio La Demajagua, el patriota, el revolucionario, el abogado y hacendado bayamés, Carlos Manuel de Céspedes, con voz firme, corazón encendido y decisión inquebrantable, proclamó la independencia de Cuba, liberó a sus esclavos y los exhortó a unirse a la lucha contra el poder colonial español.

Céspedes fue un hombre de vasta cultura y de ideas avanzadas, que simbolizó el espíritu de los cubanos de aquella época, la dignidad y rebeldía de un pueblo que comenzaba a nacer en la historia.

Lo que engrandece a Céspedes, expresó Fidel, es no solo la decisión adoptada, firme y resuelta de levantarse en armas, si no el acto con que acompañó aquella decisión, que fue concederles la libertad a sus esclavos.

Fue precisamente aquel 10 de octubre cuando el ideal independentista y el de justicia social, expresado fundamentalmente en el abolicionismo, se fundieron indisolublemente y desde entonces comenzó a verse con mayor nitidez el rostro de la patria, la nación y la identidad cubana.

El grito de independencia enarbolado en La Demajagua, marcó el inicio de lo que ha sido desde entonces una sola lucha, verdadera y heroica, el comienzo de la Revolución en Cuba, porque como expresó el Comandante en Jefe Fidel Castro, en Cuba sólo ha habido una Revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes.

Han pasado ya 158 años de aquel acontecimiento histórico, que marcó para siempre el destino de Cuba. Al convocar a los cubanos a la lucha contra el colonialismo español, e incorporar a los esclavos como hombres libres y soldados de la patria, Céspedes sembró la semilla de una Cuba sin cadenas, sin amos y sin tutelas extranjeras.

Céspedes, y los patriotas que lo acompañaron el 10 de octubre en La Demajagua, con su ejemplo nos enseñaron que la libertad no se mendiga, se conquista, que la patria exige sacrificio y unidad, no solo proclamaron la independencia, fundaron una tradición de rebeldía, de dignidad, vocación de justicia social y de amor a la patria, que ya no se detendría hasta alcanzar el triunfo definitivo de la Revolución cubana el 1ro de enero de 1959.

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Foto: Dunia Álvarez Palacios

Rememorar, un día como hoy, aquel trascendental acontecimiento histórico, es ante todo, un acto de ratificación del compromiso con el legado de nuestros héroes y mártires, es ratificar la decisión inquebrantable del pueblo cubano y de las nuevas generaciones, de fortalecer la unidad y estar siempre dispuestos a defender la patria, la Revolución y la obra de justicia social, por la cual han caído miles de sus mejores hijos.

La grandeza de Céspedes no residió únicamente en su decisión de levantarse contra el yugo colonial español, si no en la coherencia ética que la sustentó, renunció a su posición social, a su fortuna y finalmente ofrendó la vida por sus ideas.

La historia recoge momentos transcendentales de su vida, que muestran el temple de su carácter, su decisión y voluntad de lucha, su estatura moral, su comportamiento ético y su firme compromiso con la independencia de Cuba.

En hora solemne y decisiva, refiriéndose al poder de España, expresó, “Si aún nos parece fuerte y grande, es porque hace más de tres siglos lo contemplamos de rodillas. ¡Levantémonos!”

En Yara, ante el momento difícil del revés sufrido, un día después del levantamiento, exclamó, aún quedan 12 hombres, basta para hacer la independencia de Cuba.

Ante la disyuntiva en que lo puso la amenaza de los españoles de asesinar a su hijo Oscar, si no abandonaba la lucha, pronunció su memorable frase “Oscar no es mi único hijo, soy el padre de todos los cubanos que mueran por nuestras libertades patrias”. Esa estatura moral lo consagró como el padre de la patria.

Fue el hombre que depuesto de la Presidencia de la República en Armas por la cámara de representantes en 1873, acató la Ley con una gran entereza moral.

En los últimos meses de su vida se dedicó a enseñar a leer y a escribir a los niños campesinos, en un paraje intrincado de la Sierra Maestra, hasta que el 27 de febrero de 1874 cayó combatiendo en San Lorenzo, frente a las tropas españolas, lo que constituyó un duro golpe para la causa independentista.

La guerra de los 10 años, iniciada por Céspedes, fue el crisol donde se fundieron los elementos fundamentales de la nación cubana, en ella antiguos amos y antiguos esclavos compartieron la lucha y los sacrificios, como hermanos ofrendaron su sangre a la patria cubana.

Aunque en aquella gesta se escribieron innumerables páginas de heroísmo, por diversas causas, no se alcanzó el triunfo definitivo, ni los objetivos fundamentales de la lucha; pero sí marcó de manera muy profunda, la nación cubana, que en esa década fue madurando y consolidando su sentido nacional.

De aquella fragua salieron figuras de la talla de Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Calixto García y otros provenientes de las capas más humildes del pueblo, como Antonio Maceo, que protagonizó la Protesta de Baraguá, expresando su rechazo enérgico al Pacto del Zanjón, y la decisión de continuar la lucha.

En aquella contienda se puso en alto el nombre de la mujer cubana, muchas de las cuales acompañaron a sus esposos e hijos en la guerra, entre las que se destaca Mariana Grajales, la madre de la patria.

Aquella experiencia de lucha comenzó a mostrarnos también que la falta de unidad, la división, el regionalismo, el caudillismo y las indisciplinas serían los principales enemigos para alcanzar el triunfo.

La visión antimperialista de Céspedes fue temprana y lúcida, intuyó como pocos la ambición y los propósitos de los gobiernos de los Estados Unidos de apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación.

Esa advertencia, mantiene plena vigencia en el contexto actual, cuando la Revolución cubana enfrenta presiones y amenazas del imperialismo. Su ejemplo proclamador de la independencia cubana frente al poder colonial, resuena en estos tiempos con un llamado a la resistencia frente a cualquier intento de dominación.

Con el triunfo de la Revolución cubana del 1ro de enero de 1959, se hizo realidad el ideario del padre de la patria. Su legado constituye una fuerza viva en nuestro proceso revolucionario.

Como afirmó el Primer Secretario del CCPCC y Presidente de la República Miguel Díaz-Canel “tenemos que ver cual es la manera en que nosotros honramos todos los días a Carlos Manuel de Céspedes, y tiene que ser todos los días, si queremos perfeccionar la sociedad socialista que nos hemos propuestos”.

Honrar a Céspedes implica, asumir la responsabilidad cotidiana de construir una Cuba más justa, soberana y solidaria, ser consecuente con nuestra historia y defenderla como escudo de la nación.

Hoy, como aquellos mambises de 1868, enfrentamos fuerzas dominantes muy superiores, pero también como ellos, tenemos la convicción de que la unidad, la firmeza y la fe en la victoria son armas invencibles. El pueblo de Cuba y su heroica juventud sabrán siempre mantener viva la llama de La Demajagua.

Hoy nuestro país transita por una difícil situación económica, en medio de un escenario cada vez más desafiante, en la cual se ha arreciado la hostilidad de la actual administración estadounidense.

Un ensañamiento y recrudecimiento sin precedentes del bloqueo económico, comercial, financiero y energético, que afecta todos los sectores de nuestra sociedad, se impone contra nuestro país.

Para enfrentar y superar el enorme reto de continuar avanzando en el proceso de construcción socialista, de defensa de la revolución y sus conquistas y de perfeccionamiento de nuestra sociedad, se han aprobado 176 transformaciones económicas y sociales enmarcadas en 23 ejes temáticos.

Estas transformaciones, que hoy se encuentran en diferentes fases de implementación, con su correspondiente aseguramiento político y jurídico tienen como objetivo avanzar en la defensa del socialismo, para apoyar y ampliar la justicia social, crear riquezas económicas y poder distribuirlas con equidad.

Para su materialización, se requiere de la comprensión y participación consciente de todos los sectores de nuestra sociedad, pues si algo es esencial e imprescindible, es lograr la participación, el aporte, el impulso y el control popular.

El heroísmo demostrado en cada una de las gestas de nuestras luchas por la independencia, y el legado del líder histórico de la Revolución Comandante en Jefe Fidel Castro, serán siempre fuente de inspiración, para enfrentar y vencer los retos y desafíos que hoy se nos presentan, en el campo de la economía, en la labor política ideológica, en la educación, en el trabajo patriótico, en el enfrentamiento a la subversión del enemigo, y a sus amenazas de agresión.

Los tiempos que vivimos son desafiantes y retadores, pero también de muchas motivaciones y compromiso revolucionario.

En una fecha tan significativa como hoy y en un contexto de alta complejidad para el país realizamos la convocatoria a la jornada para conmemorar el 68 aniversario del Triunfo de la Revolución Cubana, uno de los acontecimientos más transcendentales de nuestra historia.

A 68 años del triunfo del 1ro de enero de 1959, la Revolución cubana se reafirma como una fuerza viva, expresión de la fortaleza de un pueblo unido y heroico, fiel al legado de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y a las enseñanzas del General de Ejército Raúl Castro Ruz.

Este programa tiene como objetivo reafirmar la vitalidad y continuidad de la Revolución cubana, enaltecer la heroicidad y resistencia del pueblo, proyectando sus valores políticos, históricos, culturales y sociales, con la convicción de que la unidad de nuestro pueblo en torno al Partido y la Revolución es el arma más valiosa en estos 68 años de lucha y de victorias.

Importantes momentos de este programa, lo constituyen las acciones de carácter político ideológico, el tributo a nuestros héroes y mártires, la preparación para la defensa, las prioridades económico productivas y sociales, y el impulso a las transformaciones.

Las organizaciones políticas, de masas y sociales, los organismos de la administración central del estado, las entidades y territorios deberán confeccionar sus planes con indicadores, metas y prioridades y lograr una alta participación popular y de cada colectivo de trabajadores.

Debemos trabajar duro para conmemorar con resultados superiores el Triunfo de la Revolución.

Que el ejemplo de Carlos Manuel de Céspedes y de todos aquellos que ofrendaron su vida por la libertad de Cuba, nos inspire, para enfrentar y vencer los desafíos del presente, con la misma decisión de no claudicar jamás, ante ninguna dificultad, honrarlo día a día es mantener viva la llama de la libertad y la justicia.

Que el 10 de octubre de 1868 siga siendo para las generaciones presentes y futuras, la fecha que nos recuerde que la libertad, se conquista con dignidad, con unidad y con sacrificio.

¡Gloria eterna al padre de la patria Carlos Manuel de Céspedes!

¡Gloria eterna a los héroes y mártires de la patria!

¡Viva la Revolución!

¡Vivan Fidel y Raúl!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!


Palabras clave
Cuba
La Demajagua

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